– ¿Qué lectura hace sobre los últimos anuncios respecto al acuerdo con el FMI?
– Se sabía que iba a haber una negociación y que de una forma u otra se iba a llegar un acuerdo. Un poco irregularmente se anunció el monto, pero todos los analistas venían calculando US$ 20.000 millones. En general, cuando se anuncia el acuerdo se anuncia la cantidad, no tiene importancia. Esto es un intento de mejorar la credibilidad del sistema y para eso no hay nada mejor que mostrar cuánta plata tenés eventualmente. Buscaron calmar el mercado.
– ¿Y eso fue suficiente para calmarlo?
– El Presidente dijo que todo este problema no es solo económico, es también político. Se crearon expectativas por otro lado. Los programas son detallados, habrá puntos más contenciosos que otros. Hay bastante buen ambiente, es importante porque es un crédito que viene a fortalecer las reservas del Banco Central, no es una deuda que se toma para gasto público adicional.
– El Fondo confirmó un primer desembolso de US$ 8.000 millones, ¿lo van a poder usar para contener el dólar?
– Es el punto que se está discutiendo todavía y por eso no está cerrado totalmente el acuerdo. El tema es cuánto es necesario vender en el mercado de cambios y si lo van a poder usar, pero si el mercado reconoce que el Gobierno tiene poder de fuego, probablemente no haga falta nada porque nadie va a ir corriendo a esperar una devaluación si es cierto que tenés los recursos necesarios. Esa discusión se va a saldar de no haber otros desequilibrios adicionales que empeoren la situación financiera en Argentina, como un cisne negro.
Quién es Mario Blejer
- Nacido en Córdoba, Mario Blejer fue presidente del Banco Central entre enero y junio de 2002. durante uno de los momentos más críticos del país.
- Antes se había desempeñado en el Fondo Monetario Internacional, de donde se retiró como senior advisor en 2001.
- Luego de su paso por la función pública fue director del Centre for Central Banking Studies del Bank of England (2003-2007).
- También fue profesor en New York University, en Boston University y en The Hebrew University of Jerusalem.
– El BCRA vendió más de US$ 1.600 millones en dos semanas.
– Hay que ver más a largo plazo, el tema es que se convierta la pérdida de reservas en permanente. No hay señal de un desequilibrio adicional.
– Algunos bancos proyectan un esquema de bandas de flotación.
– Las bandas se prestan a mucha manipulación, ampliarla, achicarla y definir un rango. No me parece una idea fantástica, a lo mejor es una situación de corto plazo, indicándole al mercado por dónde va a pasar el dólar, si es que es necesario permitir algún cambio en el valor, sin ser demasiado específico. Hay que ver de cuánto es la banda, pero es difícil calcularla, probablemente es mejor que tener un crawling peg fijo, pero no iría por ese lado.
– ¿Por qué?
– Yo iría más por rectificar problemas de competitividad argentina, se va mejorando de a poco la productividad, tecnología y costos fijos. Si todo eso mejora, no necesitan tasa de cambio para competir. Entonces, el valor del dólar va a ser una cuestión secundaria cuando todo el esfuerzo está en mejorar la calidad de la economía. Es lo que se está haciendo en serio, mire lo que hace el ministerio de Federico Sturzenegger. Al principio, va a haber pocos sectores que puedan competir con el mundo y después, muchos, sin depender de tasa de cambio.
– Entonces, ¿no recomienda las bandas?
– En este momento no recomendaría que se toque la tasa de cambio por un tiempo de manera que todo lo del Fondo sirva para calmar un poco las expectativas hasta que empiecen a haber resultados estructurales. Si crece el complejo energético y las exportaciones son competitivas, la tasa de cambios va a ser secundaria. El problema de una banda cambiaria es que tenés que corregir algo porque suponés que lo que pasa ahora no es bueno. Y no es la mejor forma de corregir porque crea una incertidumbre fuerte sobre la tasa de cambio. No es que crea que el peso está en un nivel óptimo y no haya sobrevaluación, sino que hay que darle más tiempo al programa, que tiene el potencial de resolver el problema de las crisis crónicas de Argentina de los últimos 70 años.
– ¿Habría entonces que mantener el deslizamiento del dólar al 1% mensual o el crawling peg?
– Habría que mantener el 1% o máximo volver al 2%, cosa que no recomiendo ahora a menos que haya problemas con el extranjero. Y esperar resultados de los cambios estructurales a los que no se le prestaron suficiente atención. Por ahí viene el camino de la reconstrucción, no por devaluar más para ganar competitividad.
– Pareciera que el Fondo pide un tipo de cambio más flexible.
– No conozco argumentos del Fondo para pedir esa flexibilidad y del Gobierno para explicar que no es el momento adecuado. En principio, el Fondo no tiene ningún dogma, ninguna situación específica de que quiera una flotación.
– Fue lo que pidió a las gestiones anteriores.
– Los programas anteriores son otra historia. Argentina no viene a pedir un crédito porque si no va a defaultear. Eso ya es una diferencia grande. Pero además el programa no solo es macro, sino micro, cultural y político. Todo eso entra en el análisis del ambiente económico. El Fondo entiende perfectamente que si tenés mayor flexibilidad cambiaria vas a tener un efecto inflacionario importante. No lo veo poniendo ahí demasiada presión. Lo que sí va a poner presión es en no desperdiciar el crédito para subsidios.
– ¿El FMI va a permitir sostener el tipo de cambio actual?
– Sostener el tipo de cambio actual por un periodo de tiempo determinado cuesta determinada cantidad, pero no sostenerlo cuesta más porque al final va a haber necesidad de otro crédito para pagar la deuda que se creó. Hay que ver el costo de hacer y no hacer. El ambiente en el Fondo es positivo con Argentina, cosa que en acuerdos anteriores no hubo.
– ¿Por qué el mercado aceleró las expectativas de devaluación?
– Hay que ver si lo que pasó es un cambio muy dramático. Hay un cambio de dirección respecto a las reservas, pero no es un sacudón terrible. Además, hubo un problema en el Congreso, en las calles, que creó malestar. Y acá, cuando hay malestar, la gente se quiere refugiar: primero, los inversores dejan de invertir y segundo, se percibieron debilidades en otras áreas que no tienen que ver con el programa, como las criptomonedas. Entonces, los que quieren buscar refugio y odian el riesgo volvieron al dólar. Si uno responde devaluando, está validando un comportamiento estratégico del mercado contra vos, y eso no tiene que pasar. El Gobierno tiene que insistir en que la tasa de cambio no es una variable de ajuste para los vivos de la calle. Ahora, si al Gobierno no le va bien en las elecciones y empieza a fallar por otros lados, ahí es otra historia. Ahora hay todas posibilidades de éxito.
– ¿Y el Gobierno está en condiciones de abrir el cepo este año?
– Tarde o temprano tiene que irse, no podés pretender una economía abierta con inversiones externas o locales, pero de firmas internacionales que no puedan repatriar ganancias, no es normal, no se puede mantener. Tampoco se puede eliminar de un día para el otro. La gente va descartando malas ideas, el cepo se puso como falta de alternativa cuando realmente no había otra forma de contener la hemorragia de dólares, pero no es lo que está pasando. No se puede hacer en forma disruptiva, por eso no creo que el Fondo ponga como condición la eliminación del cepo, es un control antipático que eventualmente habrá que ir flexibilizando y eliminando.
-¿Qué impacto tiene la guerra comercial de Trump en Argentina?
-No tiene que tener un impacto peor en Argentina que en otros lados, algunas cosas hasta pueden beneficiar, hay muchas cosas del comercio argentino que no toca, no hay comercio bilateral muy fuerte, no es una economía que depende de la economía norteamericana. En términos relativos, se está mejor que los países que dependen totalmente de Estados Unidos. Los impuestos aduaneros que pueden imponerle a la Argentina tampoco son grandes. En la parte de servicios, están empezando a desarrollarse más y puede haber un impacto, pero no mayor. Lo que hay es un impacto sobre la economía mundial, y cómo se refleja en Argentina. Si tiene efecto sobre Brasil, eso va a pegar a la Argentina indirectamente. Puede afectar expectativas, si hay riesgo en todo el mundo hay riesgo en Argentina. Es difícil saber qué va a pasar, en qué medida hay represalias de países más afectados, si es primer tiroteo o bombas grandes. Argentina tiene historia de riesgos grandes. Nadie sabe cuál es la lógica de lo que hacen, eso es peligroso, si es irracional, esto parece ser estúpido. Todo el mundo estudia en primer año de Economía que los aranceles no son una buena política de protección por las represalias.
-Milei considera a Trump su aliado estratégico, ¿cómo queda parado?
-Trump está en contra de la protección en principio y ve un aprovechamiento de los americanos por parte de productos producidos con trabajo barato. Milei queda en posición incómoda. Si son amigos, lo va a exceptuar de alguna forma y puede quedar en posición a lo mejor cómoda. En la primera voleada, los que más sufrieron eran México, Canadá y China. Los primeros dos son socios y los exceptuó porque hubo mucha presión. Es totalmente arbitrario y preocupante Trump. Si hace eso Estados Unidos, ¿qué esperar del resto? Acá, en Estados Unidos, hay un ambiente realmente muy pesado, no sabemos qué esperar. Y uno de los factores por lo que tuvieron que cambiar con México es porque empezaron a subir precios de frutas y verduras en estados fronterizos.
-¿Qué puede pasar con las importaciones argentinas?
-No me llamaría la atención ver en las calles de Buenos Aires BMW y Mercedes Benz. Los van a bajar tanto de precio que lo van a vender más barato. Si el que produce en la Unión Europea no lo puede vender en Estados Unidos por los aranceles impuestos a la producción alemana, va a tratar de vender donde no tiene impuestos. Sube el precio en un primer momento para exportarlo a Estados Unidos, pero si lo exportás a otro país va a cambiar la demanda. Esa segunda vuelta podría afectar a la industria en Argentina, pero ahí depende de los aranceles que haya sobre esos autos.